domingo, 20 de enero de 2013

7. SUERTE.


¿Será mi manera de ver el mundo extraña y completamente diferente? Es la cuestión que me surge al abrir los ojos de forma natural. Mi capacidad para levantarme temprano sin necesidad de un despertador, es toda una ventaja, pero a veces la virtud se convierte en defecto. Me gustaría haber dormido. Dormir hasta los restos, esperar con los ojos cerrados a que mi pesadilla acabe. Es irónico cuando lo que parece ser un sueño, no lo es, y se trata tristemente de la cruda y áspera realidad. Miro de reojo el despertador situado justo a mi derecha, en la pequeña mesita de noche de madera. La verdadera función de mi despertador, es marcar la hora, así que no comprendo por qué no me compro un simple reloj. Pero entonces recuerdo que es un regalo que me hizo mi tía Melissa hace muchos años.
Con exasperación, me atrevo a dirigir la mirada hacia el gran bulto envuelto en un edredón oscuro que se encuentra sobre la cama a mi derecha. Donde se supone que duerme mi compañera. Me incorporo sin hacer ningún tipo de ruido, y, descalza, camino de puntillas hasta el pequeño cuarto de baño para asearme un poco. El baño no es muy grande, pero tiene el espacio justo y necesario. Paredes enlosadas de un alegre color naranja, el suelo de un color negro moteado. Está compuesto por una pequeña ducha de plato, un retrete justo a la izquierda, y enfrente de este, el lavabo. Le doy las gracias al arquitecto que se le ocurrió la gran idea de colocar dos de ellos. Me gusta tener mis pertenencias ordenadas, y Danna me ha demostrado que no comparte esa misma devoción. Es más, me ha dado a entender que es partidaria del desorden y todo aquello que tenga relación con el campo anti-higiénico.
Me lavo la cara con abundante agua, deshaciéndome así de todas y cada una de las molestas legañas. No he dormido lo que se dice, maravillosamente, pero tampoco ha sido para tanto. En cuanto Danna tomó la decisión de dejar sus cigarrillos para otro momento, y echar una cabezada, el sueño se apoderó automáticamente de mí. Aún habiéndome levantado a las ocho de la mañana, que es bastante temprano para lo poco que he dormido, no me siento para nada cansada. Es más, me siento llena de vitalidad y energía.
En cuanto termino de asearme y recogerme el pelo en una coleta improvisada, me adentro de nuevo en la habitación compartida para a continuación dirigirme hacia el armario y coger algo de ropa. Por el camino, sin querer, mi dedo meñique del pie, entra en contacto con una de las patas de mi cama, provocando un grito ahogado, que emerge de mi garganta lentamente. Noto cómo mis ojos comienzan a humedecerse por el dolor. Mi torpeza me lleva a hacer esta clase de cosas, pero esta vez me ha dolido especialmente. Miro rápidamente hacia donde se encuentra Danna para ver si se ha percatado de mi viva presencia. Pero no. Duerme como un bebé. Mejor dicho, como una marmota. Muy profundo debe ser su sueño para no haber escuchado el grito que he intentado resistir. Me estaba preocupando de si las bisagras del armario harían algún tipo de ruido, pero veo que es un temor innecesario.
Abro las puertas del armario de par en par a la vez que observo algún tipo de reacción en el cuerpo aparentemente inerte e inmóvil de Danna. ¿Debería asustarme? Cuando me planteo esa misma pregunta, cambia de posición, todavía dormida. Como no se percibe muy bien el interior del armario, cojo mi móvil y con la luz que emite la pantalla, consigo sacar unos pantalones cortos claros, una camiseta de media manga de color crema y unas sandalias del mismo color.
Cojo mis llaves, me guardo el móvil en el bolsillo, y sin hacer ruido, salgo de la habitación. Ningún alma errante pulula por el pasillo. La mayoría deben estar durmiendo, y esto continuará siendo así hasta que comiencen las clases, que eso será el lunes de la semana que viene. Quedan cuatro días. La verdad es que estoy bastante nerviosa con lo que me depare esta carrera. Soy conocedora de que no es una rama ni fácil ni sencilla, pero si es lo que me guste, sé que podré soportarlo. Cuando terminamos el instituto, nos dieron largas charlas bastante pesadas y aburridas sobre lo que nos esperaría en la universidad. Nos alertaban de que solamente nos dedicaremos a comer, estudiar e ir a clase. No es eso lo que me prometieron las películas americanas.
Cuando llego a la sala común, me encuentro con la alegre noticia de que está totalmente vacía. Nadie ve la tele, ni lee libros ni está conectado a Internet. Y lo más importante, no hay para meterse conmigo e insultarme gratuitamente. Es una buena señal, por lo que, con una sonrisa dibujada en la cara, camino dando pequeños saltitos hasta llegar a las puertas del comedor, las cuales abro con cuidado, pero veo que debo de ejercer una pequeña fuerza para poder hacer que se muevan. Son un poco pesadas. Ayer estabas abiertas, por lo que dudo de si realmente estará ya abierto.
Cocinera- Vaya, vaya, tenemos aquí una madrugadora, ¿cómo te llamas?
Una amable y cordial señora de mediana edad pasa por mi lado cargando un carrito lleno de bandejas recién lavadas. Las coloca sobre una grande estantería a la derecha de la puerta principal, donde se encuentran todos los cubiertos, platos y vasos. La mujer de pequeña estatura me mira con unos ojos azules cansados pero entrañables. Mechones de su pelo rizado de un falso color anaranjado, intentan escapar del gorro reglamentario que debe llevar.
Samantha- Me llamo Sam, ¿y usted?
Cocinera- ¡Pero qué chica más educada! No hace falta que me trates de 'usted'. Yo me llamo Helen, encanto. ¿Qué quieres para desayunar?
La cocinera, de nombre Helen me agarra del brazo con total confianza para llevarme hasta el mostrador, donde, recién hecha se encuentra la comida preparada por ella, y su compañera Jane, una mujer un poco más joven que Helen con un corto cabello rubio y liso y unos ojos marrones muy claros, fue la que me atendió amablemente ayer por la noche. En el mostrador hay desde gofres hasta cereales. Me decanto por unas tortitas con chocolate, a las cuales no he podido evitar echar el ojo en el primer momento. Comento a Helen mi decisión y corre hacia el otro lado para servirme mi plato. Me añade una fresa. Al verla, agradezco su gesto y le pregunto si ha desayunado.
Helen- Oh, justamente acabo de acabar. Si hubieras venido media hora antes, me habrías pillado engullendo la mitad de los gofres, querida.
Tengo en cuenta sus palabras. Es una buena mujer, muy simpática, quizás algo parecido a una amiga. Puede parecer triste trabar amistad con la cocinera de la residencia, pero es el contacto más cálido que voy a recibir durante mi estancia aquí. Solamente es media hora antes, me pondré el despertador si es necesario y al menos podré pasar unos minutos tranquila con una persona que me trate de forma normal.
Mientras desayuno pienso en la pregunta que me he formulado mentalmente nada más despertar. ¿Seré la única con mis valores morales y pensamientos? Me parece poco ético criticar a una persona sin tan siquiera conocerla. Son unos hipócritas. No me ha dado tiempo ni de formar mi propia imagen, la cual poder mostrarles. La tenía bastante preparada desde hace unos meses. Quería ser más alegre y abierta, buscando nuevas amistades, ya que era mi única escapatoria para no sumirme en la soledad, pero todos aquellos planes han caído por la borda.
Tengo la teoría de que nací gafe. En mi vida pasada fui una mala persona, y ahora estoy pagando por ello. Es mi única conclusión. Las únicas buenas cosas en mi vida no me han venido por suerte, me las he forjado yo misma con sangre, sudor y lágrimas. Nunca he sido afortunada, y no me refiero al dinero, sino a otro tipo de cosas. Como toda aquella esa gente con la que he ido a clase, que sin estudiar, aprobaban el examen. Esas situaciones siempre me resultaron frustrantes, pero ahora en la universidad es algo que voy a ver poco, por no decir nunca.
Cuando vació mi plato, el cual parece recién sacado del lavavajillas, me acerco hasta donde se encuentra Helen, y me indica que deje la bandeja sobre el mostrador. Hago caso de sus instrucciones y en cuanto dejo descansar la vacía bandeja, salgo del comedor para sentarme a ver la televisión un rato en la sala común. Aprovecho ahora que no hay nadie que me pida que me vaya con un gruñido. ¿Y si hay un cabecilla que ordene a los demás odiarme? ¿Y si es una especie de conspiración? En mi pequeño momento de soledad, no debería pensar en este tipo de cosas. Solamente me dañan.
Cuando llevo unos veinte minutos viendo los dibujos animados, que es lo único que se puede sintonizar a estas tempranas horas, mi móvil comienza a vibrar en el bolsillo de mis vaqueros cortos. A duras penas consigo extraerlo de este, y cuando lo consigo, descuelgo el teléfono sin tan siquiera molestarme en mirar de quién se trata.
Liam- ¿Te he despertado?
Samantha- ¡Liam! Qué va, llevo cuarenta minutos despierta.
De repente por las escaleras se comienza a escuchar un ruido de pisadas. Percibo que un pequeño grupo desciende por ellas. Al instante aparecen dos chicas exactamente iguales. Ambas con una larga cabellera lisa y rubia de un color platino. Las dos son poseedoras de las mismas facciones puntiagudas, su expresión muestra un matiz de asquedad por todo lo que les rodea, no solamente por mí. Me dirigen una corta mirada, solamente para saber de quién se trata, y a la vez que eso sucede, veo cómo la de la camiseta roja, le susurra algo al oído de la que lleva una camiseta verde. Las gemelas desaparecen tras las puertas del comedor.
Liam- Me lo imaginaba. Oye, no te escucho muy bien.
Samantha- ¿No? Estoy en la sala común, voy a salir fuera, que aquí no hay mucha cobertura.
Miro de nuevo la pantalla del móvil para asegurarme de que es así, y efectivamente, una fina raya verde indica que es imposible que Liam me escuche. Emocionada por su repentina llamada, me pongo rápidamente en pie para salir cuanto antes de aquí y hablar de una vez por todas con una persona normal. Le pregunto si me escucha a cada paso que doy, y en todas sus respuestas me señala que regular. Pongo una mano en el pomo de la puerta y al hacer amago de abrir la puerta, toda la luz del Sol incide sobre mi vista, cegándome temporalmente hasta que consigo acostumbrarme. Hoy hace un muy buen día. Pero hay algo extraño. Me quedo mirando justo enfrente de mí, a unos metros de distancia hasta percatarme de quién se trata.
Samantha- ¿Qué haces tú aquí?

7 comentarios:

  1. Respuestas
    1. No se sabe, no se sabe... jajajajajajajajaja.

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  2. jajajajajajaja sube el siguiente prontoo xfa!!

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    1. He decidido que iré subiendo a medida que escribo, como todavía estoy con la otra novela, pues evidentemente me preocuparé más por ella, así que subiré de repente uno o dos capítulos, ya sabes jajaja. :)

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  3. Omg aahh quien sera que intrigaaa!! Hermoso el capitulo como siempre!! Siguienteee:)

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    1. Ya lo veremos... jajajajaja. Me alegro de que te guste, en serio. :)

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  4. Me encanta <3 La puedo publicar en Univision y te dare todos los derechos. Me dejas?

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